lunes, 11 de enero de 2010

UN EMPATE LABORIOSO


JON AGIRIANO. (el correo)

Un gol de penalti de Llorente en el minuto 79 permite al Athletic , de nuevo con más actitud que juego, salir de La Rosaleda con otro punto en su casillero

Lo primero que examina con lupa el aficionado es la actitud de su equipo. Y en esto siempre es radical e inflexible. No admite a los pasotas, ni a los flojos, ni a los pusilánimes, ni a los escaqueadores, ni mucho menos a los vagos. Es más, hasta los puntuales despistes o faltas de atención en las que a veces caen los genios -esta gente, ya se sabe, de repente se pone a pensar en sus cosas- son juzgadas con rigor talibán por parte de los hinchas, que valoran por encima de cualquier otra cosa la capacidad de sacrificio. En este sentido, los aficionados del Málaga y del Athletic presentes ayer en La Rosaleda tuvieron que salir muy satisfechos y orgullosos de sus respectivos equipos. Es probable que el resultado, justo por lo que se vio durante los 90 minutos, no dejara a ninguno contento, pero lo cierto es que los 22 muchachos se partieron el pecho. Vamos, que el puntito se lo trabajaron a conciencia.

El partido fue un pulso equilibrado, tan lleno de afanes como carente fútbol. Bajo la lluvia, dos fuerzas iguales dirigidas en sentido contrario se amortiguaron hasta anularse. El Málaga de Muñiz llevaba siete jornadas sin perder, lo que hablaba de una cierta solidez general. Por otro lado, los méritos laborales del Athletic de Caparrós están ya fuera de toda duda. Pocos equipos tienen su espíritu currela, su alma recia de peón caminero. Los rojiblancos tienen una forma esforzada y ceñuda de interpretar el fútbol que no abandonan ni cuando tienen puntos como para permitirse algunos lujos. Y cuando hablamos de lujos no nos referimos a darse la vida muelle o a bajar la intensidad de su juego, dos actitudes que le abocan al ridículo, sino a llevar la iniciativa, a intentar combinar, a salir en busca de aventuras... A darse una alegría, oiga. Pues no. Como el hombre humilde, sencillo y firme que no abandona sus costumbres humildes, sencillas y firmes ni cuando le toca la lotería, el Athletic de Caparrós nunca se da un capricho. Cualquier día saldrá al campo y sonará la sirena de una fábrica.

Dos balones al poste

El choque siguió el guión previsto, aunque éste pudo saltar por los aires en el minuto 3 cuando Mtiliga recibió un córner en corto y soltó un zurdazo tremendo al poste desde treinta metros. El Málaga intentaba hacer circular el balón y el Athletic se cubría con solvencia. Hubo un momento en que el dominio de los andaluces se acrecentó, pero a los rojiblancos les bastó con apretar un poco el acelerador y salir a por uvas para poner de nuevo las cosas en su sitio. Y no sólo eso, en el minuto 22, Toquero estuvo a punto de hacer el 0-1 tras recibir un soberbio pase de pecho de Llorente. El zurdazo cruzado se le fue al poste. La jugada encerraba un mensaje, como las botellas que se lanzan al mar. Era un viejo mensaje, ya conocido. Si eres valiente, puedes tener tu premio, decía.

El Athletic se empeñó en no hacerle caso. Prefirió mantenerse en su postura inicial, con la guardia bien puesta, dejando que el tiempo pasara, que el Málaga acumulara segundos de posesión en zonas intrascendentes y el partido se fuera apelmazando hasta tener la densidad del engrudo. Lo cierto es que las primeras partes del Athletic fuera de casa son casi todas un calco. Parecen abocadas a la nada. El partido se decide en las segundas. En esta ocasión, la cosa no tardó en ponerse fea. Para empezar, Caparrós tuvo que prescindir de Iraola por una indisposición intestinal y meter en su lugar a David López, que ocupó el interior derecha dejando a Gurpegui de lateral. En el minuto 48, llegó lo peor. Duda, que tiene una zurda que parece un regalo del genio de la lámpara, puso una falta en la cabeza de Welligton y el brasileño, entrando por detrás de Llorente, remató a quemarropa.

Recuerdo de Mallorca

El 1-0 y, en general, el cariz del partido hacía inevitable el recuerdo de lo ocurrido una semana antes en el Ono Estadi de Mallorca. Como sucedió allí, el equipo de Caparrós se vio obligado a cambiar el plan sobre la marcha. Ya no le valía con aprovecharse de su armadura. Tenía que arriesgar. Y es lo que hizo. De un modo primario, tirando de riñones para rascar faltas que David López colgaba al área una y otra vez o probando con disparos muy lejanos, pero lo hizo. El Málaga no supo reaccionar. Demasiado conservadores, los andaluces se atrincheraron y lo acabaron pagando.

Por un momento, eso sí, la victoria pareció suya. El Athletic había desperdiciado tres oportunidades claras, una de Susaeta y dos de Javi Martínez, y su juego comenzó a declinar. La entrada de De Marcos aportaba poco y todavía menos la de Muniain, al que últimamente se le nota un poquito pasado de revoluciones. Será el final de la adolescencia. Y en esas, a once minutos del final, Iván González cometió un error de cálculo. Agarró a Llorente para entorpecerle el remate como lo había hecho media docena de veces durante el partido. Pero esta vez lo hizo delante mismo de Pérez Burrull. El riojano transformó el penalti e hizo justicia en el marcador de un partido agitado y olvidable. Uno más.